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viernes, 9 de diciembre de 2011

LA TIERRA PROMETIDA




Nunca antes habían estado tan lejos de la civilización, tan lejos de todo. Nunca antes la noche se había mostrado tan oscura. Allí en medio del mar Mediterráneo, en una lúgubre patera, danzando al son de suaves olas que se mantenían ajenas a la agitación de aquel mundo que dejaban atrás, un cielo cuajado de estrellas, de una extraordinaria belleza, invitaba a creer en un mundo mejor lejos de las tinieblas que abandonaban.


Con profundo pesar, Sira había dejado atrás a sus padres. A pesar de la supuesta seguridad de esas pequeñas embarcaciones que usaban a diario decenas de inmigrantes para cruzar el estrecho, no era un viaje fácil para dos ancianos de mermada salud. Si las cosas iban bien, volvería a buscarlos.


Sira y Manuel, su marido, partían junto a su único hijo, con la incertidumbre de un futuro en tierra desconocida, sin trabajo, sin hogar, sin documentos. Sin nada más que la esperanza y la necesidad de ofrecer a su hijo una vida que mereciese la pena ser vivida.


Dos años antes, un tío de Manuel había emprendido el mismo viaje y a pesar de las dificultades, había progresado, y a él debían el coraje de tomar la decisión más dramática de su vida, abandonando una cultura, una civilización que en el pasado había llegado a ser próspera, centro del comercio en el mundo conocido, abanderada del conocimiento y del intelecto humano, por la esperanza de un mundo mejor.


Recordaba a ratos con melancolía su feliz infancia, la inocente alegría con la que jugaba en la calle, la sensación de libertad cuando, en ausencia de sus padres, pasaba largas horas con la pandilla, soñando, riendo, bailando…


Había asistido a la Universidad en los años que reconocía  como los más felices de su vida. Se licenció en Administración de Empresas, profesión que había podido ejercer durante un tiempo y que le había permitido forjarse una vida de comodidades, y que hubiese continuado si las circunstancias políticas y sociales hubieran sido otras.


La crisis también se había cebado en Manuel, que era profesor de Educación Física y entrenaba al mejor equipo de la ciudad dónde vivían. Desde hacía dos años vagaban por las oficinas de colocación en busca de un trabajo digno que les permitiera pagar la hipoteca y dar una educación a su hijo.


Sin embargo ahora emigraban a una tierra que en los últimos años había conocido la prosperidad, en yacimientos de un nuevo mineral que, usado como combustible, era menos contaminante y más barato que el petróleo usado hasta ahora.


Un mar de dudas inundaba su mente, pero todas parecían lejanas y secundarias, ante la belleza de este nuevo amanecer que se abría ante sus ojos. ¿Qué les aguardaba? ¿Encontrarían a sus familiares? ¿Sería cierto que serían discriminados por el color de su piel? ¿rechazados por su religión?


Poco importaba ya. La suerte estaba echada.


De repente, Sira sintió un pálpito en su corazón. En medio de la oscuridad de la noche asomó el tenue resplandor de lo que parecían ser luces en la costa. Temblaba de emoción, su corazón retumbaba con tal fuerza que parecía que iba a salir él sólo corriendo hacia la tierra prometida.


Ese amanecer del año 2021 empezaba su futuro.


Atrás quedaba la vieja Europa, devastada por la crisis y la guerra. Delante de sus ojos asomaba África, tierra de esperanza y prosperidad.

Ese amanecer empezaba el sueño de millones de europeos, que miraban al sur con ilusión.

Ana Campo

 

lunes, 24 de octubre de 2011

Ayer llegó el otoño....y me sentí feliz...

Otoño
Mario Benedetti 
 
Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha


martes, 4 de octubre de 2011

Qué locura más loca...





Aún te veo, río de mi vida
con los ojos que miran las montañas.
 
Yo era una montaña con almendros               
montaña solitaria.
Y viniste alegre con tu canto
y me besaste toda con tu agua.
Me dejaste inquietud para la noche
y el alma enamorada.
Aún te veo, río de mi vida,
en la curva lejana,
 
 te vas cantando más entre los chopos,
te vas cantando más que en tu llegada.
Y yo,
paralítica montaña;
 inmóvil te recuerdo enferma de volcanes, alocada,
espero tu regreso, río loco,
que pasaste besando
mi cuerpo de montaña.


Tuviste que seguir tu destino de río,
y yo el mío triste de tierra amontonada.
Me dice el viento que vas al mar,
Te sigo río mío, con los ojos,
Te sigo río mío con los ojos,
ya que no puedo seguirte con las plantas.
Soñé… te quedarías a mi lado,
como un lago sin cisnes,
para siempre,
acunando mi ansia.
¡ Qué locura más loca
enamorarse de un río una montaña!
(Gloria Fuertes)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Río Duero...Río Duero...a su paso por Soria

Río Duero, río      Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

            

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo             
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,             
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.


Y entre los santos de piedra             
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.             

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha
cantar siempre el mismo verso             
pero con distinta agua.


Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,             
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada

sino los enamorados             
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

(Gerardo Diego)

lunes, 19 de septiembre de 2011

...en una aldea de Costa de Marfil...

POEMA SOBRE AFRICA POR UN AFRICANO
Anoma Kanié

TODO LO QUE ME HAS DADO
Todo lo que me has proporcionado, África:
lagos, bosques, lagunas rodeadas de brumas;
todo lo tu que me has concedido:
músicas, danzas, veladas en torno al fuego;
todo lo que en mi piel has cincelado:
tintes de mis ancestros
indelebles en mi sangre;
todo lo que me has dado, África,
me hace caminar de esta manera
con un paso diferente a cualquier otro,
la cadera rota bajo el peso del tiempo,
los pies anchos por todas las marchas;
todo lo que me has dado en herencia
y hasta esta pereza atada a mis talones,
lo llevo con orgullo en mi frente
y mi salud ya no la perderé
y paseo, marcho, camino, voy
cantando mi raza por el mundo
ni mejor ni peor que cualquier otra.
Todo lo que me has dado, África:
sabanas que broncea tu sol cenital,
tus animales -que dicen perversos-,
tus minas, inexplicables riquezas,
obsesión de un mundo antagonista,
tu pena por haber perdido paraísos;
te protejo todo con mano implacable
hasta la luminosidad de los horizontes
para que continúe, por siempre intacta,
esa misión que te confirieron los cielos.


Anoma Kanié 

lunes, 12 de septiembre de 2011

...Te llevo mi mar...


     ... hacia donde la tierra
      huele y sabe a materia prometida,
      donde el viento choca con las rocas
      y el agua no tiene salitre
      ni peces, ni algas, ni cangrejos...

(Luis E. Prieto)